Yo, la reina.
¡NOVEDAD!
El siglo XIX se debatía entre la sumisión al poder regio dinásticamente establecido y el ansia del ciudadano por ser dueño de su destino. En Europa ya había nacido una burguesía dinámica y preparada que contrarrestraba el papel de una decadente aristocracia que no se acompasaba a los nuevos tiempos.
María Cristina de Habsburgo Lorena, viuda de Alfonso XII, llegaba al poder cuando en España el proceso de nacionalización estaba en curso y se cuestionaba la monarquía. Ella, la Regente, debía ser un elemento de identidad común entre todos los españoles y un prototipo de feminidad con el que las españolas se sintieran identificadas. Los partidos dinásticos (liberales y conservadores) entrelazaron corona, nación y género para popularizar la imagen de la nueva reina y asegurar el futuro de la monarquía. Su perfil maternal y respetuoso con el funcionamiento del turno entre liberales y conservadores se vio afianzado por su voluntad de convocar a las Cortes para prestar Juramento, lo que hizo brotar el sentimiento caballeresco del pueblo español admirando su juventud, dignidad y temple ante la adversidad así como su decidida voluntad de servir a sus súbditos.
Hablando en primera persona, la reina nos lleva de la mano por el período de la historia que le tocó vivir demostrando que, a pesar de ser Regente y no reina por derecho propio, de ser extranjera y ocupar el trono español y de ser mujer y representar la más alta magistratura del país, se fue ganando a pulso - por sus reconocidas virtudes - el respeto, la admiración y el cariño de gobernantes y gobernados. Amó hasta el infinito y sufrió hasta el agotamiento, pero fue mujer, madre y reina hasta el último suspiro y cumplió con su promesa de traer un heredero para la corona: el rey Alfonso XIII.+ info
María Cristina de Habsburgo Lorena, viuda de Alfonso XII, llegaba al poder cuando en España el proceso de nacionalización estaba en curso y se cuestionaba la monarquía. Ella, la Regente, debía ser un elemento de identidad común entre todos los españoles y un prototipo de feminidad con el que las españolas se sintieran identificadas. Los partidos dinásticos (liberales y conservadores) entrelazaron corona, nación y género para popularizar la imagen de la nueva reina y asegurar el futuro de la monarquía. Su perfil maternal y respetuoso con el funcionamiento del turno entre liberales y conservadores se vio afianzado por su voluntad de convocar a las Cortes para prestar Juramento, lo que hizo brotar el sentimiento caballeresco del pueblo español admirando su juventud, dignidad y temple ante la adversidad así como su decidida voluntad de servir a sus súbditos.
Hablando en primera persona, la reina nos lleva de la mano por el período de la historia que le tocó vivir demostrando que, a pesar de ser Regente y no reina por derecho propio, de ser extranjera y ocupar el trono español y de ser mujer y representar la más alta magistratura del país, se fue ganando a pulso - por sus reconocidas virtudes - el respeto, la admiración y el cariño de gobernantes y gobernados. Amó hasta el infinito y sufrió hasta el agotamiento, pero fue mujer, madre y reina hasta el último suspiro y cumplió con su promesa de traer un heredero para la corona: el rey Alfonso XIII.+ info
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